CUSCO: Antecedentes Históricos

Los primeros asentamientos de población en el Valle del Cusco datan de hace más de tres mil años.
Hacia el año 1,000 a.C. el Valle de AQHAMAMA o QOSQOPAMPA fue ocupado por grupos de ayllus dedicados a la agricultura en las zonas bajas y ganadería en las punas. Estos asentamientos, ubicados en Marcavalle y Chanapata, estaban constituidos por simples viviendas-refugio de adobe y piedra con techos de paja, distribuidas alrededor de patios centrales (kanchas), dispersas junto con terrenos de cultivo -chakras-, corrales y bosques de chachakomos y q’ewñas, en medio de una naturaleza complementada con andenes (suqres).
Muchos de los elementos que caracterizaban el escenario geográfico del Valle del Cusco, como cerros (Apus), afloramientos rocosos, cuevas (mach’ays) y manantiales (pukyos), tuvieron carácter sagrado (wakas) para los primeros pobladores del valle. En torno a ellos se generaron una variedad de mitos y leyendas relacionados con el origen y asentamiento de los diferentes ayllus que ocuparon el territorio.
El más importante asentamiento urbano Inka, denominado QOSQO LLAQTA, se produjo en el siglo XV y fue concebido por Pachakuteq con la forma de un felino: un Puma visto de perfil, cuya cabeza era la colina denominada Saqsaywaman, el pecho la explanada Awkaypata (hoy Plaza de Armas y Plaza Kusipata), la espalda la actual calle Pumacurco, y la cola el sector llamado Pumaqchupan. Los ríos Saphy y Tullumayo definían el perfil de esta antigua divinidad andina, adoptada por los Inkas para representar el poder político, religioso y militar de la Capital del Tawantinsuyo.
Los acontecimientos históricos desatados a principios del siglo XVI con la llegada del mundo occidental a América, traen para Cusco cambios radicales y sustanciales. La imposición de nuevas formas de pensamiento da como resultado la alteración drástica del asentamiento urbano Inka para tornarse en una ciudad mestiza, donde se superpone la cultura hispana o europea con las raíces andinas. Frente a esta transformación, el espíritu ancestral Inka plasma en la nueva ciudad una personalidad única.
Sobre las kanchas Inkas se trazaron solares y manzanas, las explanadas sagradas quedaron convertidas en plazas y plazuelas; en medio de angostas calles se abrieron portadas labradas de casonas con patios y zaguanes, apareciendo balcones tallados y techumbres de influencia mudéjar que modificaron el perfil de la ciudad junto con las torres labradas de los templos.

La presencia  de la cultura andina, los nuevos estilos mudéjar y barroco, y los cambios producidos en la ciudad como consecuencia del sismo de 1650, se funden en la expresión singular que adquiere la imagen urbana de Cusco, la que se evidencia hasta nuestros días.
Las nuevas condiciones políticas, sociales y económicas, producto de la Independencia del Perú a principios del siglo XIX, traen como consecuencia el traslado de los polos de desarrollo de la sierra a los centros urbanos de la costa, quedando  la ciudad del Cusco relegada.
Las autoridades inician una serie de cambios en la fisonomía urbana de Cusco, bajo los principios de amoldarse a las nuevas tendencias de la época, iniciándose el proceso de transformación de la ciudad.  En los años siguientes, estos cambios se dirigen a la incorporación del automóvil, produciéndose el ensanchamiento de calles y apertura de avenidas, bajo los conceptos modernos de dar mayor comodidad al paso de tranvías y vehículos, símbolos de desarrollo y progreso.
Con la declaración de Cusco como Capital Arqueológica de Sudamérica, la ciudad recupera su importancia; pero el concepto de Turismo como fuente de desarrollo, generado a consecuencia de esta declaración, da paso a lamentables intervenciones urbanas y demoliciones de importantes edificios.
En 1950, los sismos son nuevamente causa de cambios drásticos en la imagen urbana de Cusco, afectando a los edificios históricos, con este pretexto se intenta eliminar la ciudad considerada “vieja”, para iniciar un proceso de reemplazo por una ciudad “moderna”. Se dan los lineamientos de desarrollo de la ciudad en su proyección hacia la segunda mitad del siglo XX y  se condena a Cusco a perder su monumentalidad integral.
En la actualidad, como consecuencia de los fenómenos negativos de la globalización y la progresiva pérdida de identidad y valores, la ciudad del Cusco se encuentra en peligro de sufrir transformaciones irreversibles, tanto en sus condiciones medio ambientales y sociales como en su rico Patrimonio natural, cultural y monumental.
De continuar el acelerado ritmo con el cual se viene alterando la estructura urbana de la ciudad, dentro de poco tiempo y a causa de la negligencia de sus propios habitantes e Instituciones tutelares, Cusco habrá perdido para siempre su Patrimonio cultural y natural, junto con aquella personalidad que soportó drásticos cambios a lo largo de toda su historia: los terremotos y los hombres.